lunes, 3 de enero de 2011

Depredador



Espero que os guste.


Depredador


Sonó el timbre. La mujer se preguntaba quién era a esas horas de la noche. Cuando la mujer abrió la puerta, vio un joven alto, guapo, muy atractivo. Desprendía un aire de elegancia, fruto de su impecable presentación, quizá. Vestía una camisa blanca, traje oscuro y zapatos y corbata a juego. Aquel joven, que a ojos de la mujer parecía un caballero de novela, sonreía alegre y amablemente. Cuando empezó a hablar las palabras envolvieron a la mujer, encandilándola. "He venido a buscar a Cristina", dijo. La mujer le invitó a entrar y fue a buscar a su hija; debía ser el nuevo novio que le había comentado. No sabía que habían quedado para salir hoy. La chica no tardó mucho en presentarse ante él. "Una chica muy guapa y atractiva" pensó el joven. Cristina estaba espectacular: lucía un bonito vestido rojo intenso en contraste con sus ojos azules como el mar. El cabello, hilo de oro de dioses. El joven estaba atónito ante tanta belleza. "¡Guau, estás precioso, Adrián!" dijo Cristina sonrojada y entusiasmada. Adrián se arregló un poco el pelo tímidamente, con toda la falsedad que él solía emplear. Realmente le sabía mal. Pensaba en lo que quería hacer con esa chica y por un instante sintió compasión. Pero era parte de él y de su naturaleza; una necesidad fisiológica. ¿Quizá debería olvidarse de ella y hacerlo con otra...? Ya era tarde. Habían quedado y hoy lo iba a hacer. Neceseitaba hacerlo. "Bueno, deberíamos irnos ya, ¿no? Llegaremos tarde" dijo la muchacha. Seguidamente, ambos se despidieron de la madre de Cristina. "No me esperes despierta, mamá" susurró al oído de su madre.
Ya en la calle, se montaron en el lujoso y ámplio Mercedes oscuro de Adrián. Durante el trayecto Cristina preguntó:
-¿Cuanto vale un coche de estos?
-Bastante.
-Debes tener mucho dinero, entonces.
-Un poco.
Al dar su respuesta, reflexionó sobre la chica que tenía a su lado. Le había dado bastante importancia al dinero. Quizá estaba ante una cazadora, como él. Una cazadora de hombres ricos.
-¿Vamos a algún sitio lujoso? -preguntó la chica con ilusión.
-Sí. Vamos a uno de los restaurantes más caros y lujosos de la ciudad -le dijo mientras apartaba la vista de la carretera un instante para guiñarle el ojo.
-¡Que bien!
Le recordaba a una niña pequeña, en el fondo.

Llegaron al restaurante que le prometió. Todo era como ella se imaginaba: una alfombra roja lujosa, camareros atentos e impecables, cubertería de oro y plata... La comida también era de lujo. Cristina disfrutaba de la comida mientras su intachable nuevo novio la miraba intensamente. Sin embargo, no comía. Nada.
-¿Por qué no comes?
-La comida de este lugar no me gusta mucho.
-Vaya... Ahora me siento culpable. No lo sabía. Vayamos a otro sitio que te guste, cuando acabemos.
-Para entonces ya no tendré hambre -dijo con una plácida sonrisa.
Siguió comiendo con cierto pesar. Siguieron charlando agradablemente durante un rato. De vez en cuando, se quedaba embobada mirando los rasgos perfectos de su novio. Le gustaba mucho el color gris de sus ojos. Cuando le miraba fijamente, una extraña sensación de tranquilidad la poseía. Era el chico de sus sueños, definitivamente.

Llegaron los postres y, con ellos, se acercaba cada vez más la hora. A pesar de lo bonita y agradable que era aquella chica, Adrián estaba decidido: ella era su víctima hoy. Miraba sus carnosos labios carmesí. Su esbelto cuello. El pronunciado escote del vestido... Cada vez estaba más nervioso. Tenía ganas de "hacerla suya" allí mismo. Tenía que esperar. Allí no podía. Había demasiado público, demasiados testigos.

Por fin salieron del restaurante. "¿Ahora dónde vamos?" preguntó la chica. "Vayamos a por comida para tí", añadió. "Cerca de aquí hay un pequeño bar que me gusta mucho. Me gustaría ir allí, si no te importa". La joven aceptó contenta. El joven señaló la dirección del bar. "Esá muy cerca, vayamos andando". Cuando la chica empezó a andar, Adrián dibujó una sonrisa de satisfacción, casi maléfica. Después, se puso rápidamente a su ritmo y caminaron juntos de la mano. Cuando recorrieron unos metros, los jóvenes giraron a un callejón.
-¿Qué haces? -preguntó Cristina, confusa.
Adrián no contestó. Se limitó a abrazarla y besarla.
-Ya no podía aguantar más -dijo él entre besos.
Ella calló y contestó sus besos. Cada beso de ella, parecía ponerle más y más nervioso. Con la mano izquierda comenzó a tocar el pecho de la joven. Ésta se excitó.
-Adrián... No... Aquí no... -dijo entrecortada por los besos.
Con la mano derecha agarró firmemente la nalga izquierda de la chica. Ya estaba preparado para atacar. Ya la tenía inmobilizada.
-Adrián, por favor... En casa... Aquí nos pueden ver...
No. Nadie les vería allí. Había escogido ese lugar con antelación por lo mismo. Había llegado el momento de "hacerla suya".

Al principio Cristina se excitó mucho. Nunca antes había vivido algo así. Aún así, no quería hacerlo allí, en la calle. Intentó con sus súplicas hacerle cambiar de parecer, pero no cedía. Fianlamente, decidió imponerse. Se dispuso a forcejear con él. No pudo. Era fuerte. Entonces fue cuando se estremeció. Algo iba mal. Era muy fuerte, como una roca. Le dió unos golpes con la palma de la mano en el pecho y se hizo daño ella misma. Algo iba muy mal. De repente el frío se apoderó de ella aquel hombre que la retenía estaba frío como el hielo. Había parado de besarla y ahora la miraba con una sonrisa. Al ver sus brillantes ojos, el miedo se apoderó de ella y gritó.

Después del grito desesperado de la chica, la hizo callar. Mordió a la chica en el cuello, justo en la aorta, con una precision inhumana y a la vez instintiva. Comenzó a chupar. El sabor metálico de la sangre inundaba el paladar de aquel monstruo a la vez que la voz de la chica se apagaba. Con cada trago, se revitalizaba y satisfacía su hambre. La chica, con la última de sus fuerzas, tiró hacia atrás en un gesto desesperado de escapar, de aferrarse a sobrevivir. La abominación no le dejó. Él también tiró atrás. Los caninos, alargados y afilados, hendidos en la carne comenzaron a desgarrar el cuello en dirección a la garganta debido a la tremenda fuerza del monstruo. Seguidamente, los colmillos se separaron de la carne al llegar a la garganta y la chica cayó al suelo. Poco a poco el suelo se fué tiñiendo de la preciada sustancia para el ser. "Una lástima", pensó. La chica en el suelo, muerta ya, estaba medio decapitada y con una expresión profunda de horror. Durante una milésima sintió pena por ella, pero no era más que una reminiscencia de su antiguo yo, cuando aún era humano. La criatura miró a la luna unos segundos. Con un potente salto sobrepasó los edificios. Acto seguido comenzó a deformarse: unos miembros encogían, otros, nacían. Finalmente apareció lo que parecía un murciélago, algo más grande, quizá. Batiendo las potentes alas se alejó hacia el horizonte con la luz de la luna bañando sus alas. "No me culpes a mí, querida, culpa a este asqueroso mundo al que pertenecemos. Culpa a esto que tanto admirais y que veis bonito. Eso que vosotros llamais "naturaleza" pensó, aliviando así los vestigios de su conciencia.

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Depredador by Rubén Arenas Romero is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Mi enemigo

Antes de leer el texto, debo matizar ciertos aspectos. Para empezar, es un texto de los primeros que hice y, por supuesto, como todos los textos, es mejorable. También destaca el hecho de que no es un texto narrativo, una historia, si no más bien una reflexión personal.
Lo subo ahora, después de tanto tiempo cogiendo polvo, porque no tengo tiempo para actualizar gracias a la querida universidad. prometo que cuando tenga tiempo pondré algo nuevo.Y ahora sí, espero que os guste:


Mi enemigo

Desde lo más profundo de mi corazón odio el tiempo. El mismo tiempo que medimos y que nos ayuda a gestionarnos. El mismo que nos lo arrebata todo. Incluso la vida. ¿Quién no ha sentido nostalgia alguna vez en su vida? Pasado. Algo que has tenido pero que ya nunca más volverás a recuperar… ¿Quién es consciente del paso lento pero firme del tiempo actual? Presente La trampa mortal en la que todos estamos atrapados. La ironía de vivir el momento, el presente, a la vez que comienza a formar parte del pasado y sonríe al futuro… ¿Quién no ha planeado su vida? Futuro. Ese mar al que avanzamos sin saber lo que nos espera… Tantas cosas que hacer y que decir… Y tan poco tiempo… Miramos el reloj para no perder un segundo y lo perdemos todo. Se ríe de nosotros. Vive rápido y muere despacio. El tiempo como enemigo... Es el peor enemigo.


Rubén Arenas

martes, 23 de noviembre de 2010

El devenir de la vida

Miguel conducía su modesto seat por la ciudad mientras escuchaba la radio. Había sido profesor de instituto antes de que las canas se comenzaran a propagar por su pelo. Desde hacía unos años, solo era un hombre aburrido y solitario, pero hoy era diferente. Hoy tenía una cita. A pesar de ello, no parecía especialmente contento. Quizá había perdido ya la ilusión. Solo quizá. Tenía preparado un ramo de flores en el asiento trasero para la ocasión. En la radio sonaban las noticias de mediodía. “Dos semanas han pasado ya desde que el famoso arquitecto Daniel Gant tuviese el fatídico accidente de coche que...”. Miguel apagó la radio. Estaba cansado. Las noticias eran siempre desgracias y eso hacía que se deprimiese. Cuando se quiso dar cuenta, había llegado ya al lugar de su encuentro. Ajustó el retrovisor para poderse ver el pelo. Se lo arregló con las yemas de los dedos. Se ajustó el cuello de la camisa y el nudo de la corbata. Cogió el ramo de flores y salió finalmente del coche. Allí, de pie, sosteniendo el ramo con la mano derecha, ésta empezó a temblar nerviosa. Por fin había llegado.

La figura de una mujer sola en un banco destacó de inmediato. Miguel se acercó mientras cambiaba la expresión de su cara. La mujer sonreía dulcemente mientras se levantaba de su asiento.
-No ha cambiado nada, profesor -dijo la mujer mientras le daba dos besos.
-No me llames así, por favor. Ya no soy tu profesor, Alba -dijo él con una sonrisa de satisfacción. Le gustaba que le hubiese llamado así-. Toma, esto es para ti.
-Que flores más bonitas. Muchas gracias. -abrazó al profesor fuertemente.
Miguel se quitó la gabardina oscura y la colocó en el banco junto a él. Se sentó pesadamente.
-Los años no pasan en balde, ¿eh? -dijo la mujer mientras se sentaba también.
-Para ti tampoco, te has vuelto una mujer muy hermosa.
-No diga eso, profesor. Va a hacer que me ruborice -dijo entre risas.
Ambos quedaron callados durante un momento que se eternizó.
-Bueno, ¿qué es de tu vida, Alba? ¿Cómo te ha ido todo? Cuéntame.
-La verdad es que no me puedo quejar. Fui a la universidad e hice tres carreras: filosofía, filología española y psicología.
-Impresionante, eres muy joven.
-Tengo treinta años -dijo con cierta vergüenza.
-Perdón por interrumpir. Continua.
-Encontré en mis años de universidad al amor de mi vida. Alguien mayor que yo, que sabe cuidar de mi -dijo con la mirada perdida y con una sonrisa en los labios-. Estoy casada y tengo una niña preciosa de dos años.
-No sabes cuanto me alegro... -dijo Miguel con brillo en los ojos.
-¿Y que hay de usted, profesor? ¿Qué es de su vida?
-Estoy jubilado, solo y aburrido. Nada interesante.
-Ya veo...
Hablaron durante mucho rato. Recordaron viejos tiempos de instituto y contaron anécdotas. A medida que Alba le explicaba aspectos de su vida o su paso por la universidad, Miguel se sentía profundamente orgulloso. Había sido su profesor, responsable en gran medida de como era ahora esa brillante mujer que tenía ante él. Y el orgullo se tornó en su propia felicidad. Sentía que, aunque solo fuese por ella, había merecido la pena haberse hecho profesor.

Pero la dura realidad golpeó su mente. La felicidad se tornó tristeza. Se estremeció. En la mano derecha, el ramo de flores; en la mano izquierda un recorte de periódico. En él se leía: “Tragedia para Daniel Gant. Muere su mujer Alba Sanz y él resulta herido de gravedad”. En el artículo se repasaba la trayectoria profesional y personal de la fallecida junto a una foto reciente. Miguel estaba en un campo de rosas como le gustaba decir a uno de sus alumnos. Frente a él, una lápida blanca. Nueva. La inscripción que allí vio hizo que las lágrimas brotasen. “Alba Sanz Herrero. 1980-2010”. Solemnemente dejó las flores frente a la lápida. Titubeó unos instantes antes de irse mientras en voz baja dijo: “el destino puede llegar a ser muy cruel”.

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El devenir de la vida by Rubén Arenas Romero is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.

Introducción al blog

Este blog nace de la necesidad de dar a conocer al mundo mis historias, mis inquietudes, mi mundo. Escribir es una de las pocas cosas que realmente me llenan y hace que me sienta vivo. Así, con este blog, espero calmar un poco mi alma, darle sosiego, y compartir con el mundo aquello que hago y que más me gusta.

El título de este blog no es fruto de la arbitrariedad. He decidido bautizar este blog como el primer texto importante que hice; el primer texto reconocido y valorado. Fué muy importante para mí y me he sentido en la obligación de rendirle tributo de alguna forma. Por otro lado, encontré que casaba perfectamente con la temática del blog: un blog literario con historias mías, con mis personajes, en las cuales narro situaciones personales, eventos o tan sólo diálogos. Escribo el devenir (lo que sucede) de sus vidas.